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¿Porqué escribir?

En qué momento y porqué. Sobretodo el porqué. Aunque tener que dar razones es tal vez un fracaso en sí mismo, hablaré de la motivación personal mas allá del noble acto de escribir.

 

Escribir te hace preciso“La lectura hace al hombre completo; la conversación lo hace ágil, el escribir lo hace preciso”. Sir Francis Bacon

Escribir como ejercicio

Es, seguramente, motivo suficiente. El cerebro (intelecto) actúa de forma similar a la del músculo. Es su uso y su correspondiente descanso lo que le hace buscar el desarrollo y la mejora de capacidades. Solo una compensación a un esfuerzo produce mejora.

Habiendo tenido la fortuna de conocer mucha gente a lo largo de lo vivido, uno se da cuenta de que nuestra sociedad tiene sus miserias, también unas preferencias que, aunque le avergüencen, afloran en el comportamiento subconsciente del humano de a pie. ¿Porqué cuando alguien quiere dar un giro a su existencia se lanza a cambiar su físico? Dietas y gimnasio, o cualquier sucedáneo de cualquiera de los dos. Es un comportamiento generalizado y recurrente. La respuesta es sencilla: importan más los kilos de más que las neuronas de menos. 

Como me niego a conectarme a la masa del rebaño, escribir es el mejor acto de rebeldía para acompañar a la lectura, y a la buena y ocurrente conversación; el trío peligroso que ofrece libertad a cambio de poco, el camino del verdadero antisistema, convertirse en alguien incómodo por esgrimir opinión.Escribir

Huir de la comodidad

De esto he hablado y hablaré mucho. La comodidad es el enemigo interior, viaja de la mano de la pereza, pero goza de mejor prestigio. Las calles están llenas de gente que elige de forma sistemática la comodidad. Los fracasos están llenos de esta gente en casi exclusividad. A la esclavitud intelectual se llega siguiendo el sendero perfectamente allanado hacia la comodidad.

“Vigilad que de tanto elegir la comodidad, llegue el día en que la comodidad elija por vosotros”. Tal vez lo dijera alguien, yo qué sé, pero tenía razón.

La famosa zona de confort tiene tendencia a encoger. Llega a ser de tamaño diminuto, impidiendo el movimiento, dificultando las tareas cotidianas. Pero no asfixia, la comodidad sabe que debe permanecer enmascarada. Consigue convertirse en minusvalía de forma sigilosa, poco a poco.

Escribir es incómodo. Te saca de la zona de confort como una latigazo que te despierta de la siesta. Te pone frente al espejo, para que veas desfilar tus miserias. Y si algún día te acostumbras también a eso, tienes la posibilidad de ofrecer tu escritura a los demás, en un estriptis extremo.

Me niego a pensar que no tengo nada que decir

Tiene que llegar el momento de dejar ser el indigno voyeur de las historias de otros. ¿A quién no le gusta ser la reinona del show por un momento?

Tanto rodar, tanta ciudad prometiendo ser el hogar definitivo, tantos personajes entrando y saliendo de la vida de uno… No puede ser para nada. Esas horas de bar, esas noctambulismo, esas horas bajas y esos revolcones; no pueden haber sido para nada. Uno ha ardido como el rastrojo para construir el andamiaje de lo que es ahora mismo y algo se podrá sacar de todo eso.

Tal vez sea solo cuestión de ego, la pataleta ante la posibilidad de no dejar ni rastro cuando llegue el momento de hincar las botas. Cada uno torea sus demonios como considera, escribir es una forma noble de hacerlo.

 

 

 

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Publicado enEnsayo